(Nota: las siguientes reseñas fueron realizadas originalmente para el Frente de Lectura, novel y noble asociación de lectoras y lectores compuesta y presidida por la riada oculta de los faros, la bien nacida blanca, aquel que lanza harinas y el de generosos hinojos gemelos; aclárese y chiméntese).
Eduardo L. Holmberg nació en 1852 en Buenos Aires y murió en la misma ciudad en 1937. Fue hijo de un botánico aficionado y nieto de un patriota que acompañó a Manuel Belgrano en sus campañas. Publicó varios libros de fauna y flora sobre las diversas regiones del país donde viajó, lo que lo emparenta, junto a los relatos fantásticos, con Guillermo E. Hudson. Como primer director del Zoológico de Buenos Aires, Holmberg diagramó la arquitectura otorgándole a cada especie una construcción acorde con su lugar de origen: un castillo gótico para osos, una pagoda japonesa para ciervos orientales, un templo hindú para elefantes, un chalet suizo para otros ciervos, geometría islámica para las aves rapaces, una fuente mayólica de inspiración morisca para los loros, un palacete ruso para cebras, burros y rinocerontes, un austero zigurat mesopotámico para hipopótamos, un kiosco árabe para monos, lemures y suricatas, una cabaña tipo choza africana para avestruces y cabras de Angora, frescos de estilo grutesco para tapires. También dio clases de historia natural en la Facultad de Ciencias Exactas, así como en la Escuela Normal de Profesores. Fundó las revistas El Naturalista Argentino (1878), Revista del Jardín Zoológico (1893) y Apuntes de Historia Natural (1909). Se cuenta que siempre estaba despeinado, que gustaba de escanciar buen vino y que tenía los bolsillos llenos de cosas, única razón por la cual andaba vestido, según su hijo. Su obra literaria es inaugural de muchos géneros en la literatura argentina como la ciencia ficción, o fantasía científica, el género policial y de terror. Todo atravesado por influencias rosacruces, materialismo y positivismo, pseudociencias en boga como la frenología, y el aluvión del reciente evolucionismo. Es una obra singular y de diversos niveles donde casi nunca falta el humor, el juego, lo absurdo y cierta desfachatez, salvo cuando un rebencazo de imaginación romántica lo posee. A continuación paso a resumir algunos de sus textos literarios.
Dos partidos en lucha -Fantasía científica- (1875)
Edición de Corregidor, 2005, con una buena y completa introducción de Sandra Gasparini. Contiene notas de la época sobre Holmberg.
Esta curiosa novelita es la primera ficción que Holmberg escribió con 22 años. Rarísima por donde se la vea: después de una asamblea callejera masiva, a pedido del pueblo, se realiza un Congreso Científico en el Colón donde debaten darwinistas y rabianistas (partidarios de Owen y el creacionismo). Si bien hay personajes principales, la narración ocurre casi siempre en espacios llenos de gente que vitorean, aplauden, disparan cohetes voladores y otras derivas de carnaval. Los personajes son, entre otros, Kaillitz (el narrador), Griffitz, Estaca, Paleolitez y Darwin que, por ejemplo, embarca desde Londres de manera tan intempestiva que deja a un aka abierto y desangrándose, al cual había confundido con un mono muerto que iba a embalsar, y al llegar a Argentina es recibido por el presidente Sarmiento y el vicepresidente Alsina. Las discusiones del Congreso se tiñen de política y se cuestionan si no es mejor hacer el congreso en Rosario, Córdoba, Tucumán o Jujuy, también se debate el colonialismo inglés (“No hemos ido a Londres para hacer lo que hace Londres cuando va a alguna parte; tampoco tenemos nada que hacer con los ingleses, pues no solamente no les debemos nada, sino que no queremos deberle.”), aunque al mismo tiempo se lo integra, y en las explosiones festivas resuena la revolución del 74’, entre tanto subtexto. El final es casi inexplicable, se deja insinuar la idea de “eslabón perdido”, pero tampoco es muy claro y termina con otro aka abierto con el corazón expuesto aunque esta vez sedado a voluntad y sin desangrarse. Dado que esta cirugía la hace Griffitz (quien además enuncia que no es ético matar ni personas ni animales, mientras Darwin permanece callado) parece insinuar que Griffitz es superior a Darwin y, por ende, la ciencia americana más ética que la europea. El último capítulo es una especie de chiste-poema-concreto medio tribunero. Historia, documentos ensayísticos y delirio folletinesco se entremezclan en una máquina extraña y amateur.

Viaje maravilloso del señor Nic-Nac al planeta Marte (1875)
Edición de la Biblioteca Nacional y Colihue del 2006 con prólogo de Pablo Crash Solomonoff. También tiene unos textos menores de cierta gracia y el inicio del único poema de Holmberg Lin-Calél.
La novela empieza con un aguafuerte de Buenos Aires, donde corrillos de personas chimentan sobre la revuelta del 73’, la Comuna de París y el extraño caso de un hombre que perjura haber estado en Marte razón por la cual lo encierran en el manicomio de San Buenaventura: el señor Nic-Nac. Varios chistes surgirán del nombre como “una clase de galletitas que fabrica Bagley” o el mismo Nic-Nac escribirá: “Mi espíritu tenía toda la vaguedad del infinito, y a pesar de esto, me llamo Nic-Nac”. La noticia recorre los pasquines y es olvidada como todo lo demás, pero una editorial se decide a imprimir las memorias de Nic-Nac donde el personaje cuenta cómo conoce al sabio espiritista Friedrich Seele o Federico Alma, con quien sostiene una charla pastiche de índole teosófica que concluye en que el hambre ha idiotizado a los humanos y que para romper la materia es necesario desintegrarse por ayuno. Luego de ocho días sin comer ni beber agua, Nic-Nac se eleva en una escena bellísima de remolinos, auras verdes y dimensiones alteradas, hasta que se encuentra con Seele quien lo guía por el cosmos hasta Marte. En medio de esa situación el Doctor que había tratado de salvarle la vida muere de un paro cardíaco del horror que le produce una nota de Nic-Nac y también se eleva en espíritu-imagen. Se reencuentran en Marte y aparece un simpático gato negro que a base de miaus resolverá muchas piezas sueltas de la novela y que es la encarnación animal de Seele. Llegan a una ciudad partida en dos: Theosophopolis y Sophopolis. La primera una ciudad oscura y triste donde solo suenan campanas y unos coros sagrados que nadie entiende. La segunda una ciudad iluminada de personas que emanan auras rosáceas e intercambian lenguaje a través de un flujo inaudible. Pronto comienzan a percibir el idioma y comprenden la compleja trama de traiciones y perdones, hipocresía y rituales que hay entre ambas ciudades, también conocen al loco del matraz que quiere quemar Theosophopolis, más otras tantas aventuras relatadas como apuntes de trabajo de campo (de 1870 es Excursión a los indios Ranqueles de Mansilla). El Doctor se enamora y se queda en Sophopolis con su nueva familia, mientras Nic-Nac y Seele vagan durante años a una velocidad relativa hasta llegar a Aurelia donde Seele sostiene una batalla de materializaciones y desmaterializaciones con Psique. Después vagan durante otros tantos años a una velocidad relativa, pero nos enteramos por un capítulo donde Nic-Nac justifica no contar nada sobre esos años porque ¿para qué más? La novela retoma con el regreso a Sophopolis que está ardiendo y así la narración acelera en una batalla repleta de colores, llamas diversas, torbellinos de espíritu-imagen, evaporaciones y maullidos, más tramas subterráneas que implican al loco del matraz y debacles metafísicas que me hacen acuerdo del final de La transmigración de Timothy Archer de Philip K. Dick. El último capítulo le corresponde al editor que aclara que Nic-Nac padece de manía planetaria y que le desea lo mejor bajo el fresco chorro de agua del hospicio. Las influencias son Dickens, Verne y Flammarion, atravesadas por caricaturas criollas, desopilantes, y coloraciones magníficas. También es curioso cierto paralelismo con el Martín Fierro (1872), con una ida y una vuelta, aunque la vuelta del Fierro es del 79’. Como pincela Pablo Crash Solomonoff en su prólogo: Nic-Nac emprendía su viaje de espíritu-imagen en Marte, mientras Martín Fierro se perdía entre la indiada.
El tipo más original (1878)
Edición de Simurg, 2001, con un posfacio agudo de Sandra Gasparini y Claudia Roman, 2001. También contiene notas de la época sobre Holmberg.
Si hiciera la selección de una antología de novelas incompletas por editorial Dunken, esta sería la primera por su extraña incompletitud. Publicada por entregas en el semanario El Álbum del Hogar, la novela tiene un no-final que de alguna manera, dado el ritmo de la misma, podría ser su final. Vuelve a aparecer Kaillitz quien acaba de regresar de Europa y da un discurso en la Academia Argentina de las Ciencias donde cuenta que, en un momento de necesidad económica, le apostó a un colega berlinés mil taleros por ir hasta Curlandia (hoy día Letonia, en aquel momento parte de la Rusia Zarista) a engañar al excéntrico Profesor Burbullus, quien tiene un sistema de 35 idiomas en el que cada año escoge siete idiomas distintos y cada día de la semana habla uno de ellos, repitiendo el ciclo cada cinco años. El engaño consistía en hacerle hablar un idioma diferente del pautado para ese día. Este chiste bastante ñoño se ramifica pues Kaillitz llega a la casa del profesor sin saber qué hacer (como si Holmberg tuviese la misma incertidumbre respecto al texto). Así nos enteramos que este personaje paranoico, delineado en el tintero de un Gogol, tiene miles de millones de libros de conocimiento científico escritos que archiva para la posteridad por miedo al plagio, que mandó a investigar cosas inciertas a su archienemigo Niffleis al Polo Norte durante la época de noche polar, que su sirviente Bachkind toca el violín de una manera que genera una sensación de desagrado físico en una manada de lobos que acechan en los bosques, que Bachkind trama una traición al Profesor Burbullus para quedarse con el puesto de Director del Museo Imperial, entre otras cosas que se explican a medias, interrumpidas y bifurcadas por disquisiciones lingüísticas, de fauna y flora, geografía, acústica y demás. Hacia el final los elementos comienzan a converger y parece que todo va a tener un giro inesperado. Niffleis entra en la casa para asesinar a Burbullus, pero Burbullus ha tramado un plan con Kaillitz y Bachkind, y terminan jugando una partida de ajedrez donde cada movimiento, pieza comida, pieza movida, cantidad de piezas, refiere a la novela y su propio final. Un final conceptual de referencias difusas que se desmigajan, un alfil se escapa por una tangente del tablero y termina “Continuará”.
Cuentos Fantásticos (1957)
Edición póstuma de Hachette de varios de sus cuentos publicados por diversas revistas, anteriormente antologadas en Cuentos Fantásticos de 1901. Tiene un estudio preliminar bueno y muy completo de Antonio Pagés Larraya y una solapa de David Viñas donde traza la herencia de Holmberg.
Tanto en su dedicatoria del Horacio Kalibang, donde llama al texto un “juguete discutible”, como en la de La bolsa de huesos, donde lo nombra como un “juguete policial”, Holmberg expone la clave lúdica de su literatura.
El ruiseñor y el artista (1876) es una corta fantasía trémula y poética, algo cercana a las de Juana Manuela Gorriti y con una sorprendente contemporaneidad con Oscar Wilde.
La pipa de Hoffman (1876) es un cuento con un cuento dentro. Un amigo del narrador muere de cólera y se hace de una pipa que fuera de Hoffman. El narrador fuma la pipa y tiene un viaje psicodélico donde se desmaterializa hasta que termina atrapado en un cilindro oscuro donde su amigo le da diez manuscritos inéditos. Entre ellos el cuento El ruiseñor y el artista, que el narrador se encarga de aclarar año de publicación y revista, así como un supuesto manuscrito de Hoffman Una teoría terriblemente moralizadora que trata sobre un profesor de filosofía, Kasper Herrmann, que bebe veintinueve botellas de cerveza. El chisme se esparce por el pueblo y los padres de los alumnos deciden retirarlos de sus clases. Como respuesta el profesor Herrmann organiza una conferencia donde dará a conocer un gran descubrimiento metafísico para redimirse del chisme y además consagrarse a la fama. Dado que en el pueblo no hay nada para hacer el municipio acepta darle el gran salón y realizar una bacanal previa a la charla. Todo el pueblo se reúne, entonces, para escuchar la teoría reveladora que resulta ser una validación metafísica de los efectos del alcohol: hay dos almas, la sencilla, experiencial, y la otra latente. Como todos están borrachos y ven doble, el descubrimiento es verificado y festejado.
Horacio Kalibang o los autómatas (1879) trata sobre el materialista Hipknock que duda que Horacio Kalibang tenga poderes especiales que desafíen la gravedad y sospecha que es uno de los autómatas de la fábrica de Oscar Baum. En un momento hay un desfile de escenas de autómatas que anticipa a Impresiones de África o Locus Solus de Roussel. Tiene una vuelta de tuerca final entre aterradora y perversa que entrevé los dilemas actuales con la IA.
La bolsa de huesos (1896) es una nouvelle, o cuento largo, con varias cosas raras o al menos curiosas. Todos los personajes corresponden al mundo de la medicina y pseudociencia, incluso una parte del caso se resuelve por observaciones frenológicas bastante delirantes (al tiempo que se discute la cualidad de pseudociencia de la disciplina) y el ambiente ronda ida y vuelta la recientemente inaugurada Facultad de Medicina (1895) y el antiguo Hospital Buenos Aires, hoy Plaza Houssay. Por otro lado, en el curso de la narración, se hace alusión varias veces a que el personaje está escribiendo una novela para justificar el escamoteo de información y, por ende, generar la trama de misterio. Los personajes reflexionan circunstancialmente sobre ello: “-¿Cómo le va, señor don Manuel? -Medio desconcertado desde que he empezado a representar un papel de personaje de novela.” . El último capítulo es solo un desglose que pone en duda si lo leído es real, basado en documentación existente, o solo una fantasía policial del autor. La dedicatoria, prólogo, refuerza este final dado que advierte que la novela podría terminar en el capítulo VI porque lo que sigue son delirios. La resolución del caso mezcla tipologías psiquiátricas, con neurosis cargadas de cierto simbolismo (costilla adánica), historias de amor, travestismo, plantas andinas y una ética oblicua de justicia.
Nelly (1896) es una nouvelle de terror decente hasta su primera mitad, la segunda mitad se torna en culebrón familiar de romances, abandonos y fantasmas, tumbas y recados a cumplir.
La casa endiablada (1896) también una nouvelle de terror pero que deviene en policial, se inserta las orillas de la Buenos Aires de fines del siglo XIX y toda la intriga transcurre entre convides de mate y picoteo de corderos asados. Algunos de los personajes son: un italiano que habla en cocoliche, Luis Ramirez un ricachón obstinado en reconstruir su casa sobre la casa endiablada, Pedro el criado negro de Luis con curiosas inflexiones del habla, el oficial X y el loro, el 539 y el de la cama 17. El texto es complejo, aunque veloz y liviano: se enumeran fojas policiales, un artículo de prensa contando una historia dentro de la historia que se desgrana de una escena menor sobre un insecto, hay chanzas espiritistas, arrestos equívocos, intuiciones sutiles, lógica científica, sugestiones de alto calibre, balazos, congregaciones masivas, huellas digitales, y el ya nombrado loro que es parte de la resolución del caso. El final es un chiste pícaro.

Filigranas de cera (1884)
Edición de Simurg, 2000, con un estudio preliminar de Enriqueta Morillas Ventura. Contiene otros textos menores compilados y prologados por Rodrigo Guzmán Conejeros.
Trata sobre el doctor Tímpano que sueña con un asombroso descubrimiento: la cera de los oídos preserva grabado, como si fuera una cinta, los sonidos escuchados (sean estas melodías o conversaciones) que se pueden reproducir separando cada filigrana de cera y amplificando con un micrófono. Hay cierta reminiscencia a la anécdota del sueño de Descartes a quien se le apareció un ángel que le dijo “La conquista de la naturaleza es a través de los números y las medidas”, así como el despertar imaginario en torno a la invención del fonógrafo en 1877 por Edison. El doctor Tímpano obtiene evidencia de varios pacientes: uno que tiene como vecina a una aprendiz de piano y por ende su cera solo repite maquinalmente do re mi fa sol la si; un periodista que tiene varios discursos grabados en la cera a los que quiere acceder; y el narrador, amigo del doctor Tímpano, cuya cera despliega un repertorio variopinto (las cascadas armoniosas del Guaraní, los quejidos de la Traviata, los roncos acentos del Trovador interpretado por Gottschall, entre otras). Como suele suceder en gran parte de la narrativa de Holmberg, el doctor Tímpano expone su descubrimiento frente a una multitud de gente en el Círculo Médico Argentino, muchos subestiman el descubrimiento y dejan de prestar atención, lo que desencadena una larga charla sobre la conveniencia del idioma alemán para captar la escucha dado que, al estar el verbo siempre al final de la oración, el oyente necesita escuchar la oración completa. El descubrimiento del doctor Tímpano parece anticipar la conocida ecuación de Einstein, donde fuerza y materia son lo mismo. Finalmente el doctor Tímpano se arrepiente de su descubrimiento porque las consecuencias de semejante registro parecen más catastróficas que productivas.
El Medallón (1898) es un cuento menor sobre un camafeo, la belleza femenina y el paso del tiempo.
Insomnio (1876) es una extrañísima descripción ampulosa y alambicada sobre un paisaje de Marte que parece no distinguirse de una fantasía paisajística romántica. Y todos los otros textos son reflexiones, artículos y comentarios muy menores y sin relevancia, la mayoría como si Holmberg fuese un personaje de sí, eran textos destinados a ser conferencias.
Olimpio Pitango de Monalia (1917)
Edición de Ediciones Solar 1994, con introducción y notas de Gioconda Marún. Considero 1917 como fecha de realización dado que en una entrevista de 1927 declara que hace diez años le puso el punto final.
Este texto permaneció inédito porque, según declara Holmberg en una entrevista de 1927 a La Razón, “desearía hacer la edición yo mismo y la impresión cuesta cara”. El disparador conceptual de la novela es quizás lo mejor. En una isla imaginaria llamada Monalia un sabio escritor, Olimpio Pitango (aires épicos del loco Sarmiento), argumenta la necesidad de que la isla se organice institucional y constitucionalmente para lo cual tienen que inventar un pasado de héroes y ruinas. Esto deriva en una contienda periodística entre El Patriota y El Regulador en relación a eventos célebres, la cordura de Pitango, y cismas de cismas de partidos políticos en relación a los detalles de esos eventos y la locura de Pitango; intervenciones de científicos que exponen descubrimientos arqueológicos de ruinas históricas ficticias y próceres ilusorios como Mamerto Botija y Cachimbo Pérez; una carta misteriosa, conspirativa y paródica firmada por Tupitambo; una exposición feminista sobre el papel de la mujer dentro del nuevo régimen; una visita de Olimpio Pitango a Argentina donde analiza la situación de la república y un largo análisis sobre la situación latinoamericana; la aparición de una misteriosa mujer que baja de las montañas de Monalia y es convocada a relatar en voz alta un bello cuento de un trovador que se enamora de la Princesa Rayo de Sol y resulta ser el Príncipe Rayo de Sol de Sichinta, tanto el personaje como el cuento resuenan a Juana Manuela Gorriti. La novela va acumulando capas narrativas a través de múltiples estilos: periodístico, epistolar, descripción geográfica, conferencias, y demás papeles arrojados entre multitudes de pobladores que se juntan, escuchan, debaten, movilizan, chimentan, y calaverean.
Los libros de Holmberg dan cuenta de una época ridícula y cruel, de urbanización y novedades científicas, y el inicio de las multitudes latinoamericanas. Lo caprichoso de sus relatos, su creatividad desfachatada y la gestualidad conceptual nos ofrecen otro aire de la literatura argentina de fines del siglo XIX y que podemos encadenar, por ejemplo, con experimentos tan fantásticos como Vida y memoria del Doctor Pi de Edgar Bayley. Queda a cuenta leer y resumir sus libros de viajes. Encomiendo datos reales a lxs especialistas que argumenten mis trapisondas, inventos y festejos.