En el cine nadie está solo

En el cine nadie está solo. Es una experiencia interna, mental, emocional, donde el estímulo entra y arma otra película en algún punto negro atrás de la cabeza, como una verdadera máquina de los sueños; y externa, las imágenes y los sonidos y las reacciones son parte del aire y se comparten con otros en una sala a oscuras cruzada por un resplandor hermoso. ¿Pero qué puedo decir yo de esto que sea nuevo? Es como dice el spot de FM Millenium, parafraseando: el cine es una experiencia para hacer solo, pero nunca en soledad.   

Una noche de verano de 1997 o por ahí, en Concepción del Uruguay, pasaban la película Contacto (Robert Zemeckis ❤️). Y mis amigos no querían ir. Y yo sí. Así que fui, aunque me abochornaba (como casi todo en la adolescencia) la idea de la soledad o, mejor dicho, que me vieran solo. Pero yo era un joven emocionado más con el espacio exterior que con la vida en la tierra y en esa ciudad de la que me estaba yendo. Y el cielo estrellado que vi ese día en la pantalla no me lo olvidé nunca más.

Y entonces, en un suspiro, pasaron 30 años. Y en todo este tiempo fui público y armé ciclos de cine para 5 personas o 100, y siempre venía alguien solo pero nunca se iba en soledad. Hice amigos y los deshice. Me mudé y me quedé mudo. Fumé y me esfumé. Me enamoré, me casé y tuve un hijo. Y sigo siendo yo, como en 1997, y a la vez no, soy otro, bailando en la sombra del baile fugaz, increíble de la vida y el tiempo. Y en estos 30 años, decía, fui con otros al cine, pero también seguí yendo solo. Solo conmigo y solo con todos. 

Así que este domingo pasaban Marty Supreme y no me la quería perder. Y fui, de nuevo solo, a una función de noche al Cine Círculo de Paraná a la que nadie quería ir y con un público de jóvenes de veintes y treintas, socios, como yo, del club de fans mundial de Timothée Chalamet. Y también, entre el público, esa noche de domingo, había algún fan del cine y del tenis de mesa, supongo, aunque la película es mucho más que eso.

Marty Supreme (SUEÑA EN GRANDE el claim del afiche) es intensa, emocionante, vertiginosa, enérgica, inspiradora. Está situada en Nueva York y el mundo vibrante de los años 50 del siglo XX pero tiene un uso genial de la música de los 80. Un uso romántico y punk (con soundtrack original de Daniel Lopatin en conexión con todos los soundtracks de sintes y no de cuerdas de la historia del cine, con el acertadísimo PIL ❤️ en una escena de piel de gashina y con el punto caliente y la atmósfera carpenteriana en la escena del duelo en Japón; más canciones de Tears for Fears, Alphaville, New Order). Y también tiene, en ese ritmo apabullante y vital que nunca para, momentos turbios y densos. Porque Marty piensa solo en Marty y su gran sueño. Y hay gente que lo ayuda pero también queda en el camino. Como la vida misma.

Yendo a la duración de la película, el gran tema, pareciera ser, del cine en el siglo XXI (lo que habla más del siglo que del cine), Marty Supreme dura dos horas y media. Pero pasan volando. Y entonces termina y decimos todos ahhhh… Como un suspiro. Y está buena, está muy bien, pero pasa. Como un suspiro. Y eso me llevó a pensar en el tiempo, que es una cosa concreta, inamovible, inapelable, pero también una sensación, algo que se siente en un reloj y en un riñón al mismo tiempo. ¿Pero qué puedo decir yo de esto que sea nuevo? En Un buen día, Manuel tira esa frase tremenda: “El tiempo es todo el tiempo”. Y sí. Pero también, el tiempo depende de cómo está contado eso que pasa, en la vida y en el cine, mientras pasa el tiempo. 

Marty “The Needle” Reisman fue un tenista de mesa legendario que llegó a ser tres veces millonario y tres veces perdió su fortuna en apuestas. Esa vida, real, que sube y baja como la palanca de una maquinita en el casino, es la que le da pulso a la película. Un arriba y abajo frenético. La dirige Josh Safdie como si estuviera respirando a la par de lo que muestra (y acá nos enteramos de una denuncia por abuso en un set. Y esto tiraría todo abajo… ¿o no?) . Y también brilla una actriz maravillosa, Odessa A’zion como Rachel Mizler. Porque Marty tampoco está solo. Tiene al lado a alguien que lo ama. Lo único que necesitamos todes.