Reseña sobre Diario de Limpieza, de Matías Moscardi, editorial Bosque Energético, 2023.
Matías Moscardi es un escritor de procedimientos, no tanto en el modo experimental-vanguardista, sino en uno propio: el que necesita para hacer funcionar su máquina literaria, compuesta de engranajes críticos, teóricos, humorísticos, poéticos y anecdóticos. Lo biográfico y lo ficcional conviven en la voz de un sujeto particular. MM crea juegos en los que se mueve su destreza escritural. Inventa deportes mentales con consignas de un taller que no cesa. Podemos imaginar su producción como una gran fábrica de Willy Wonka invertida, en la que crear y disfrutar la diversión de las ideas están inseparablemente unidos, en la que los Oompa Loompa tomaron los medios de producción y son los recursos humanos de una empresa dedicada en exclusiva al deleite de la belleza y la diversidad. Revuelve en la basura de los materiales inhóspitos para erigir allí un imperio de lo exótico, una escuela de lo nunca dicho, procurando nuevos caminos de lectura.
En un capítulo de Cobra Kai (serie que Moscardi suele referir en sus textos) LaRusso, que antes fue el pequeño saltamontes de Karate Kid y ahora es Sensei, toma como discípulo a su antiguo contrincante (Johnny Lawrence), pero este no pareciera coincidir con los métodos del dojo Miyagi, más bien prefiere usar máquinas industriales para pulir la madera o pintar la cerca. Él es más rudo, más agresivo, como el sistema capitalista moderno. Esa es la enseñanza que le confiere a LaRusso, dando vuelta los roles.
Matías Moscardi comienza el diario introduciendo películas de Disney que muestran la limpieza, y narra una escena de la película La espada en la piedra, en la que Merlín enarbolaba los modos de producción modernos, enseñando al pequeño Rey Arturo (Grillo) a lavar los abundantes platos usando magia. La pila eterna se reducía inmediatamente, a lo que Grillo contestaba de la misma forma que LaRusso le contesta a Lawrence: es trampa. Lo que se pierde en el utilitarismo de las maquinarias es la experiencia del proceso, el resto espiritual de enseñanza que queda en el cuerpo del que realiza la tarea, el aprendizaje de un modo vital.
Pero Merlín, juguetonamente, responde con una rima: “nadie sabrá cómo lo has hecho / y todo el mundo quedará satisfecho”. Hay cosas que ya no hacemos de forma manual, no queremos pasarnos la vida fregando y puliendo. Occidente prefiere gastar su tiempo (y su dinero) en la industria del entretenimiento. El ocio burgués fue el invento de felicidad que ocupó nuestras vidas de un modo fantasioso, idealista: la magia de Disney es real, las escobas de Mickey Mouse vuelan multiplicadas a nuestro alrededor limpiando toda la casa sin dejar caer ni una sola gota de pintura.
La investigación de un tema pareciera algo orgánico en la vida de Moscardi; un poco busca y un poco se topa con productos culturales que vienen a cuento de la idea que va desarrollándose. Si ve una peli con su hijo Fermín, ésta siempre le habla de la limpieza y de la suciedad. Así, La Bella y la Bestia muestra a los objetos como sirvientes que limpian todo (hasta a sí mismos). Esto hace conexión con los electrodomésticos de la actualidad, muy comunes en el primer mundo y muy deseados en el tercero: la aspiradora inteligente, como un ovni miniatura, el lavarropas con IA, los lavavajillas. La magia se hace posible en el capitalismo, que populariza lo imposible, facilita las tareas más engorrosas, “es un acto de justicia poética frente a tanta miseria y depresión”.
Por milagro y sorpresa, las cosas que suceden en la vida de Moscardi llevan agua para el molino de sus textos. La aparición de un ratón en la casa (uno real y no de dibujos animados), cae como la ficha justa, aunque desagradable, para ejemplificar la idea de lo viscoso en Sartre. “La limpieza tiene algo de kafkiano, algo dilatorio, moroso, de sometimiento a fuerzas absurdas que rigen con todo el ímpetu de su violencia nuestras vidas miserables”. Esa limpieza, esa exigencia de un espacio aséptico, nos esclaviza, nos mantiene ocupados en el hogar, gobierna nuestro tiempo, como un mecanismo subliminal de dominación capitalista: el sistema nos exige pulcritud.
¿El ratón o el hombre? ¿Quién es más inteligente? Luego de investigar a fondo la historia de estos roedores, MM concluye que no debe dejar que el ratón tome el control del diario como ya lo hizo con la casa (y con su mente, su pareja y su familia). En el hogar privilegiado para Moscardi, la deriva temática y laberíntica, el salto de un tema a otro conectado por hilos delgados, por asociaciones libres o por etimologías, es su mejor opción. Detenerse poco en los rincones, más bien vagar por los pasillos sin prestar tanta atención a la mugre, habitar el mundo real y el mundo de las ideas hasta que mágicamente la casa se vaya limpiando sola.
Así, continúan apareciendo otros autores que hablan en torno a la limpieza y la suciedad: Pizarnik, el director Saverio Constanzo (de la película Corazones Hambrientos), Henry Miller, Salvador Dalí, Sylvia Plath, entre muchxs otrxs, para desembocar finalmente en el tema del amor en la pareja, del conocerse “profundamente” y de las cosas que fortalecen el vínculo: La lucha contra el ratón, el ratón como idea fija monstruosa que amenaza con llevarse puesto todo, incluso el oficio de la escritura y los pensamientos: “no hay salida”, “no doy más”.
“Mejor sería no meditar sobre literatura en absoluto sino simplemente mantener la mente tan abierta como el intestino”. Escribir se equipara con defecar, en Moscardi ambas salen naturalmente con mayor o menor esfuerzo. Son un producto interior, una obra de arte que Fermín supo apreciar en sus primeras experiencias con el inodoro. Un libro que sirve para aprender a hacer inodoros también puede ser útil para una editorial independiente: los libros de poesía son joyas que se pulen en el interior y muestran formas diversas y olores derivados del trabajo orgánico.
Limpiar la casa es limpiar el texto. De ahí los verbos y metáforas que se usan: “pulir”, “pasar en limpio”, “corregir”. Por eso “el trabajo de escritura es siempre de limpieza”. Y para que haya escritura tiene que haber al menos una noción mínima de orden. El escritor no duerme hasta que desaparezcan los ratones (las erratas) del texto y de la casa. Como en un Casa Tomada, pero al revés, la pareja le va ganando terreno nuevamente a la invasión de la plaga, vuelve a habitar los lugares que habían perdido. La superación del trauma lleva un trabajo físico y un trabajo mental para dejar atrás el miedo y la obsesión. Para recuperar la diversidad en el pensamiento y en el diario, y que no sea solo un ratón ocupando todo el espacio. La guerra contra esa otredad vuelve más fuerte el vínculo de la familia. Aunque MM saltará de una crisis a otra, o tal vez la crisis que trajo el ratón encubría otras más profundas: de la pareja, de la vida familiar, la crisis existencial de los 40, la puesta en crisis de los roles masculinos.
MM decide no mostrar la última foto del ratón en este diario. Como esas películas de terror en las que el monstruo nunca aparece directamente. Decide sembrar la duda, que es también como un roedor fantasmal: no incluir la foto probatoria en una época en la que la realidad siempre está siendo filmada y fotografiada, para fortalecer el género, para pasar al terreno de lo literario, porque “en un diario no debería haber nada irrefutable”.
Se devela la operatoria novelística, los hechos pueden falsearse para sumar a ese giro ficcional y entrar en dicotomía con la verdad límpida de lo real. La verdad íntima y familiar se “ensucia” de ficción, está contaminada por tramas y narrativas que la preexisten y atraviesan. Esa extrañeza vuelve ominosa la percepción de la vida cotidiana. El fantasma se revela y la monstruosidad se nombra. Luego de pasar el susto, de poder mirar para otros lados, este diario nos permite relajar la neurosis que genera la limpieza. La vida sin mugre, así como sin ficción, sin relato falseado, no solo sería insoportable, también es imposible.
Este diario abre una grieta por donde pueden entrar los propios ratones del lector; cada cual puede ir escribiendo su propio diario de limpieza, haciendo asociaciones en su propio recuento de suciedades, de las veces en las que pudimos tener sucia la conciencia, y así, desplegando nuestro trabajo higiénico en el mundo, para que todo quede un poco más limpio de lo que lo encontramos.
Villa Ventana, Enero 2026.